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LOVE, DEATH & ROBOTS – Zima Blue

love death robots - zima blue - poster

Desde el momento que entendemos la noción “del resto de nuestras vidas”, muchos nos encontramos con una búsqueda del lugar al que pertenecemos y una razón para estar ahí. A veces se reduce a respondernos dos simples preguntas, ¿Quién soy? y ¿A dónde voy?. Esta esta es la conversación en la que intenta llevarnos Zima Blue, el tercer y último episodio del que hablaremos en este experimento en cuarentena de Love, Death & Robots. Este corto me hizo pensar muchísimo en las partes de mi vida que están por venir y las cosas que aun quiero hacer sin dejar de sorprenderme con la maravillosa historia a la que Robert Valley y Passion Animation Studio le dieron vida. Usando un estilo de animación muy distinto al que vemos en el resto de los cortos con influencias gráficas en cómic, así logrando hacer el episodio aún más memorable y único. 

Zima Blue nos cuenta la historia de un mundo futurista y un aclamado artista plástico que llega al final de su carrera, por elección propia. Si tengo que escoger qué fue lo que me cautivo sobre este episodio tendría que decir los detalles, cosas tan pequeñas como los personajes, la diferencia étnica entre los principales y los secundarios, casi que haciendo una propuesta a la normativa comercial; La interesante utilización de la luz y de la paleta de colores, para mostrarnos presente y pasado;  La narración y los diálogos que cuentan una historia separada a la que vemos en la animación.  Zima, el artista, podría tener cientos de años y se ve como un joven pintor. Llegó a un punto en su vida en el que desea que su historia sea contada, han pasado 100 años desde la última vez que dio una entrevista y esta vez es él quien invita a una periodista para que sea ella quien escriba sobre quién es Zima  verdaderamente. Porque parece que todos tienen una versión muy distinta a la realidad. Esto me hace pensar en cómo el mundo construye o exagera historias sobre ti, cómo lo que una vez alguien escuchó sufre tantas modificaciones hasta convertirse en una “verdad” colectiva de la que casi no puedes escapar. Todos hemos pasado por eso y al crecer te das cuenta que intentar desmentirlos a todos es una locura y aprendemos a vivir en paz con nuestra verdad. Pero ¿qué pasa cuando no tenemos clara esa verdad? Zima me hizo pensar como muchas veces no tenemos claro lo que somos o lo que queremos ser y por momentos las líneas que separan lo que creemos y lo que dicen los demás no son tan claras y terminamos perdiendo el rumbo sin darnos cuenta. Por momentos pienso que hemos decidido señalar el concepto de realidad o el presente como algo que le falta, como poco, insuficiente. Hemos glorificado la expectativa, el futuro, dejándonos en un eterno estado de disatisfacción.

La historia de Zima me recuerda que cada viaje es distinto y algunos parecen ser eternos, a veces es difícil dejar lugares, personas, costumbres porque son lo que nos hacen sentir que pertenecemos, que hemos encontrado las respuestas, ya no tenemos la necesidad de seguir buscando, que ahora solo debemos construir.  Y digo es dificil dejarlos, porque eventualmente aparece una duda y el sentimiento de que no hemos llegado a nuestro lugar en el mundo reaparece. Me pregunto cuántas veces desaprovechamos la oportunidad de empezar el viaje o dejamos pasar a la persona correcta o el trabajo correcto, porque sentimos culpa al dejar lo que ya tenemos. Zima se aferró a la idea de que la respuesta estaría siempre en la siguiente pieza que trabajara, nunca en la tenía enfrente o en alguna que ya pasó. Aunque son espectros diferentes terminan siendo la misma problemática: no sabemos apreciar la plenitud en lo simple, en lo que vivimos, en lo que hacemos o tenemos frente a nosotros. Solo pensamos en la búsqueda, la interminable búsqueda, a veces con el equipaje y la compañía incorrecta. Añorando un mundo distinto, pero no queremos cambiar nada para tenerlo. A veces pienso que el universo podría tirarnos la respuesta en la cara y nuestro orgullo no te permitiría aceptar que lo que estás haciendo, con quién estás o la forma en que lo haces, es la incorrecta. Es más fácil dejar ir lo nuevo o desconocido y sin saberlo con ellos la respuesta a nuestras preguntas.  

Algo que  Zima dijo se quedo conmigo, por que es la realidad de toda esta conversación:

Sometimes, it’s difficult even for me to understand what I’ve become. And harder still to remember what I once was. 

Creo que al final lo único que importa es no olvidar quién somos en ningún momento del viaje. Desde que inicia ya somos un acumule de sueños, ideas y sentimientos, no estámos buscando quién es ese individuo, estámos buscando el lugar en el mundo al que ese acumule de tantas cosas pertenece. Somos seres en continua evolución física, mental y emocional, a veces pensar que existe un solo norte y eso puede lograr que todo sea confuso. A veces necesitamos perdernos un rato. A veces necesitamos volver a encontrarnos. 

En este experimento en cuarenta compartí tres de mis episodios favoritos: Three Robots, Fish Night y este último Zima Blue. Y en conclusión, definitivamente Love, Death & Robots es una serie que recomendaría una y otra vez.  Porque si eres fanático de la animación y las buenas historias, esta es una serie que tienes que ver completa. Así que si quieres empezar a disfrutarla ya, te dejamos el link aquí.  

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